echar raices en tu cuerpo,
disolverlo con las lágrimas
que jamás aún derramé.
Acariciar cada palabra
que de tus labios brota
y roza mi oído,
sentir el murmullo visceral
de un sólo corazón.
Acompasar el sonido
de nuestros suspiros,
sentir en mis profundidades
el daño que jamás
creí causarte.
Lamer las heridas
que nos causó la distáncia,
mientras mis manos buscan,
con ansia,
nuestra libertad.
Mirar tu cuerpo vulnerable
por la desnudez,
por la auséncia de escudos
que esta vez nos protegen.
Abonar nuestros sentidos,
para que el placer germine.
Desear que pare el tiempo y
derrita los relojes
de la habitación.
Besar cada uno de tus siléncios,
y comerme tus miradas
para que mi cerebro las mastique
y sentirlas realmente mías...

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